lunes, 19 de marzo de 2012

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¡Y quién dijo silencio!
(Recopilado por Cristian López Talavera)
¿DEL POR QUÉ LA POESÍA?
En algún instante escuché que la poesía no es útil para nadie, asentí en que tenían razón. La poesía, simplemente, se radica en el elemento primordial para la existencia. Como esa agua que nos moja y luego se retira,  nos ayuda a sentirnos vivos. Y nuevamente, reafirmé que la poesía carece de utilidad, excepto para quienes nos adentramos en su tinta y no salimos nunca de ella, nos iluminamos de sus letras que comienzan a hablarnos y  transportarnos  por parajes imaginados en una embarcación que se va con nuestros rostros y nos deja una máscara, ahí  radica la magia del poema, sustituir constantemente esa careta sigilosa que nos transforma constantemente. Como esas prodigiosas aguas de Heráclito, manchándonos en líquido vital.
De ahí que esta muestra de poesía tome el nombre de: ¡Y quién dijo Silencio! porque es en el silencio donde el poema va tomando forma. Desde una llamada de los dioses, quienes nos enlazan la primera idea para luego abandonarnos en el constante trajinar de la existencia. 

DE ESTA MUESTRA ANTOLÓGICA
Lógicamente, toda muestra de poesía es parecida a un verso: está cargada de una alta dosis de sensibilidad, por lo tanto no tiene certezas. Entonces, ¿cómo leerla? En primer lugar, desechando la idea de que  es una enmarañada recopilación de poetas. Segundo, que es una muestra de escritores que han trabajado bajo tutoría de taller, por lo tanto son versos iniciales, cada uno inmerso en estas celosas páginas que son aprendices de brujo en busca de una voz propia que devele el campo creativo por donde están sus búsquedas complejas, sus variadas reflexiones, temores; esos rostros distintos que semejan estrellas sonoras convirtiéndose en versos, que reflejan la complejidad de la época que habitan.
Entendiendo que este libro no quiere ser una certeza debe leerse como una muestra de poetas jóvenes, quienes han ido creando, en un taller literario, su generación. Tal cual lo hicieron en los años 80 varios escritores ecuatorianos, entre los que nombro Diego Velasco Andrade, Pablo Yépez Maldonado, Huilo Ruales, Edwin Madrid, Pedro Gil,  quienes  vienen a mi memoria en estos instantes en que la noche es un pájaro destilando miedos. Escritores que bajo el mando de Miguel Donoso Pareja hicieron sus primeros pasos en un laboratorio, para luego imantarse en grupos y revistas, e ir instituyéndose en una agrupación denominada: La Generación de los Talleres Literarios. ¿No es precisamente lo soñado por estos jóvenes poetas? Lo importante, es que (en su mayoría) no tienen publicados libros.

LOS ANTOLOGADOS
Estos poetas, que van desde los 20 a los 40 años de edad, tienen algo en común: forman parte de talleres literarios, tal como el de  Diego Velasco Andrade en la ciudad de Quito; y el de Augusto Rodríguez, en la ciudad de Guayaquil. Vates ensimismados en crear una poética dinámica, construcciones  meditadas por el grupo, lírica comunicante. Poemas que están sembrándose para el futuro inmediato.
¡Y quién dijo Silencio! es una propuesta neovanguardista. Varios trabajan la metáfora, como una herramienta estética, cargada de sensualismo y simbología. Todo esto en un país donde la poesía ha estado en un frasco cerrado, donde las innovaciones artísticas han sido desechadas por un grupo selecto de “amigologos” que “dicen” dirigir la poética ecuatoriana.

LA NECESIDAD DE MOSTRAR LA PANORÁMICA DE LA ACTUAL POESÍA ECUATORIANA
El mencionado país es selecto en la palabra poética, desde los tiempos del periodo precolonial, la cultura oral significó los primeros indicios de reflexionar nuestra existencia. Nombres como el de Juan Bautista Aguirre, con elementos gongoristas, crea lo que se denominan Ramilletes Poéticos, pero no es una lírica propia, la voz la dan los conquistadores, específicamente la Iglesia como institución esclavizadora. En épocas de la Independencia tenemos los ovillejos, especie de graffitis, poemas pequeños que tenían un objetivo panfletario más que estético. En aquellos días surgen nombres como José Joaquín de Olmedo y su poema épico: Canto a Bolívar.
No será hasta la  aparición del Modernismo que la poética ecuatoriana reflexiona acerca de innovar las propuestas. Nombres como: Medardo Ángel Silva, Humberto Fierro, Arturo Borja y Ernesto Noboa y Caamaño, denominada la Generación Decapitada, esto dado por el ensayista Raúl Andrade debido a sus fallecimientos en edad temprana, y con ideas extraídas de los simbolistas franceses, cimentan poemas alegóricos a la muerte, al dolor, a la nostalgia; estetizadas en la musicalización, varios de los trabajos de entonces han sido recreados en la música popular.
En esta época, el vanguardismo europeo comienza a tomar eco en un poeta ensimismado en su soledad, quien se embarcó en su motocicleta para sumergirse en lo que sería la innovadora creación, que publicó su primer libro pasado los 80 años, Hugo Mayo (1897-1988), un año mayor a Medardo Ángel Silva, devela que en la poética se pueden asociar varios métodos experimentales (Surrealismo, Creacionismo, Cubismo, Dadaísmo). Posteriormente, en Riobamba aparecen nombres importantes como Miguel Ángel Zambrano, Miguel Ángel León, quienes inscriben universos de su cosmovisión a lo vanguardista.
Pero será  hasta la aparición de Jorge Carrera Andrade (1903-1978), quiteño de nacimiento, que el nombre de Ecuador refulgirá en la poética vanguardista. Además, con sus microgramas, comienza a reordenar el universo. Esto sucede por el año de 1940, luego de viajes por países asiáticos. Es en esta etapa cuando el mencionado poeta,  al igual que José Carlos Mariátegui, reflexionan sobre la dicotomía: Ser Humano-Naturaleza. Luego de este importante nombre en nuestra literatura, continúan poetas como Gonzalo Escudero, Augusto Arias y Alfredo Gangotena, vates  que desarrollaron su trabajo en las afueras de nuestro país.
César Dávila Andrade constituye un nombre importante, la poesía ecuatoriana toma un nuevo giro, sale a la luz “Boletín y elegía de las mitas”, la denuncia, el problema del indígena son los nuevos temas de nuestros poetas. Luego, surge el grupo Madrugada, poetas como: Enrique Noboa Arízaga, Hugo Salazar Tamariz, Edgar Ramírez Estrada, Jorge Enrique Adoum, Efraín Jara Idrovo, poetas que vivieron el cambio de contexto en nuestra América. Vallejo y Neruda serían los exponentes en este periodo creativo. 
Pero no es hasta los años sesenta donde aparece el resurgimiento de la poética ecuatoriana, donde los conceptos se fueron transformando, se desestructuran los cánones obsoletos, el romanticismo inocente y burgués, surge el denominado Parricidio. Nombres como Raúl Arias, Alfonso Murriagui, Ulises Estrella, Euler Granda, Humberto Vinueza (quienes conformaron el grupo Tzántzico); y en Guayaquil, Rodrigo Pesantez Rodas, David Ledesma Vásquez, Ileana Espinel Cedeño, Sergio Román Armendariz (conformaron el Club 7 de poesía). Estos dos grupos significaron el acceso a la reflexión política, estética, a una poética de compromiso social, sin dejar a un lado el existencialismo, que cada día se hunde más en las aguas negras de la historia. 
Luego, vendrán nombres como Julio Pazos Barrera (Premio Casa de las Américas, en 1982), Violeta Luna, Fernando Artieda (guayaquileño con una poética de surgimiento dialectal importante), Bruno Sáenz Andrade, Hugo Jaramillo, Iván Carvajal, Sonia Manzano, entre los más importantes, poetas que tienen un compromiso esencial con el lenguaje. Aparece el distanciamiento con el pacto social y crudo de los Tzántzicos para develar la imagen poética como fuente vital en el lenguaje.

LOS TALLERISTAS: PRODUCCIÓN DE UNA NUEVA Y VITAL POESÍA
Quizá los talleres literarios enhebraron escritores con variadas posibilidades, los que ingresaron al canon y los que siguieron el parricidio propiciado por los Tzántizcos. Y es bajo la tutela del escritor Miguel Donoso Pareja, que con metodologías innovadoras generan nuevas voces y nuevos ejercicios esquemáticos, tanto en la poesía como en la narrativa; nombres como Jorge Martillo, Víctor Romero, Fernando Balseca, Mario Campaña, Diego Velasco Andrade, Pablo Yépez Maldonado, Margarita Lazo, Fernando Itúrburu, Pedro Gil, Roy Sigüenza, Vicente Robalino, Galo Alfredo Torres, Alfredo Pérez Bermúdez, nombres que todavía cimentan la palabra poética. 
Pero es el caso de Edwin Madrid y Diego Velasco Andrade quienes mantienen (en Edwin Madrid terminó un ciclo con escritores del grupo Machete Rabioso) activos los talleres literarios; el caso del segundo es por quien surge esta Antología. Los nombres son varios: Carmen Jaramillo, Ives Cadena, José Acevedo, Sonia Cruz, Ximena Flores, Marcelo Recalde, Deysi Vela, Edison Navarro, María Fernanda Vinueza, María Belén Obregón, Jorge Villavicencio, Cristian López Talavera, Santiago Quelal, Galo Toapanta, David Acosta, Pablo Flores. Poetas que varían en edad, pero en conjunción sus problemas son similares: el sexo, la muerte, el silencio, la creación, el yo poético y comprometido. Reflexiones que han ido tomando eco en poetas jóvenes.
Esta conjunción de temáticas se han asimilado con talleristas del poeta Augusto Rodríguez: Beatriz Viteri, Xavier Hidalgo, Luis Alberto Bravo, Andrés López, Dina Bellrham, Laura Nieves, Lis Quezada, Adolfo Santiestevan, Lucero Llanos, y Geovanni Bayas, quienes forman parte del taller El Quirofano y han ingresado con solidez y buena poética en varios festivales literarios del país. A estos nombres sumo tres, a quienes encontré en bares, por medio de internet o en aulas universitarias: Marco Manotoa, Fernando Tituaña y Danciso Toro. 

CRISTIAN LÓPEZ TALAVERA


martes, 31 de enero de 2012


ESTE NUEVO LIBRO QUE HA SIDO EDITADO  POR EL SELLO R.A.S. (RED ARTÍSTICA SALAMANCA/LIMA-PERÚ) RECOPILA TEXTOS DE JOVENES POETAS DEL ECUADOR.

NO PRETENDE SER UNA MIRADA ANTOLÓGICA DEL PAÍS NI MENOS ACERCARSE AL CANON DE GENERACIÓN, MAS ES UN PONER SOBRE EL TAPETE NUEVAS VOCES, NUEVAS SOMBRAS SOBRE ESTE TERRENO INNAGOTABLE QUE ES LA POESÍA.

PARA SU RECOPILADOR CRISTIAN LÓPEZ TALAVERA ¡Y quién dijo Silencio! es una propuesta neovanguardista. Varios de los poetas trabajan la metáfora, como una herramienta estética, cargada de sensualismo y simbología. Todo esto en un país donde la poesía ha estado en un frasco cerrado, donde las innovaciones artísticas han sido desechadas por un grupo “selecto de amigologos” que dirigen la poética ecuatoriana.
Los nombres son varios: Carmen Jaramillo, Ives Cadena, José Acevedo, Sonia Cruz, Ximena Flores, Marcelo Recalde, Deysi Vela, Edison Navarro, María Fernanda Vinueza, María Belén Obregón, Agustín Guambo, Cristian López, Santiago Quelal, Galo Toapanta, David Acosta, Pablo Flores. Poetas que varían en edad, pero en conjunción sus problemas son similares: el sexo, la muerte, el silencio, la creación, el yo poético y comprometido. Reflexiones que han ido tomando eco en poetas jóvenes.
Esta conjunción de temáticas se han asimilado con poetas talleristas del poeta Augusto Rodríguez: Beatriz Viteri, Xavier Hidalgo, Luis Alberto Bravo, Andrés López, Dina Bellrham, Laura Nieves, Lis Quezada, Adolfo Santiestevan, Lucero Llanos, y Geovanni Bayas, quienes forman parte del taller El Quirofano y han ingresado con solidez y buena poética en varios festivales poéticos del país. A estos nombres sumo tres, a quienes encontré en bares, por medio de internet o en las aulas universitarias: Marco Manotoa, Fernando Tituaña y Danciso Toro.
QUE ESTA PASANDO EN LA POESIA DEL ECUADOR, QUIZÁ UNA SUERTE DE  AMIGUISMO Y CONFORMISMO QUE SE AHOGA EN UN SILENCIO CENTRADO EN GRUPILLOS DE AÑIÑADITOS QUE JUEGAN A SER "enfant terrible o femme fatale"(?) Y DONDE  ALABAR Y TÚ ME ALABAS PARAFRASEANDO UN POEMA DE ITÚRBURU ES LA CONJUGACION VERBAL PREFERIDA DE LOS MISMOS... O SIMPLEMENTE YA ES HORA DE DECIR !Y QUIEN DIJO SILENCIO!
Tomado de: www.murcielagario.blogspot.com

jueves, 3 de noviembre de 2011





DINA BELLRHAM Edelina Beltrán Ramos (Milagro, 1984-Guayaquil, 2011)

Por: Freddy Ayala Plazarte

Poeta, integrante del Grupo Buseta de papel de Guayaquil, estudiante de medicina, una de las voces femeninas que animaron el quehacer literario actual de la poesía joven ecuatoriana. Con plexo de culpa (2008) y La mujer de helio (2011), fueron dos muestras de interesantes diálogos que exponían una poética entre el surrealismo, romantiscismo, y aquella exploración interna, inmanente, de visualizar el inconsciente del ser humano, de condensar una afirmación femenina desde los símbolos como títeres, muñecas, zapatos, y sobre todo, había un espejo que reflejaba un “yo” en su otro, su otra, sus otras, quizá sea la metáfora de dar sentido a la condición humana con el conflicto y la lucha simbólica por ser-en-el-mundo.

Y así como los poetas Cachibache y Carolina Patiño, hace casi un decenio desaparecieron temprano sus párpados y bajaron el telón de la ceremonia física de ya no sentir una lágrima o una sonrisa; ¿Y cabe acaso pensar en lo que asumimos como joven o anciano? ¿Si un mismo sujeto puede ser un niño y anciano a la vez, si puede empoderar diversas edades en un mismo cuerpo, más aún, en un mismo instante? Aunque como dice Manuel Cruz: la edad que cumple el cuerpo es una y la edad del sujeto es otra.



Dina: para quienes te pudimos conocer más allá del mundo literario, en tu mundo cotidiano, en un mundo más humano, en el mundo del duende lorquiano que evocabas,
Por todos aquellos instantes compartidos que ahora se deslizan por la memoria, te dejamos la continuidad de los puntos suspensivos
                                               


MINUTO DE SILENCIO
                       
                                                a Dina Bellrham 

Y un paciente agrandó la memoria cuando su mirada
hizo péndulos estrábicos en la pared
antes del amanecer   
estuvo junto a los títeres  
abrazando una caja musical
Orfeo aún respiraba sus pasos entre las cortinas 
y un concierto de muñecas
acompañando lo ausente
despeinando molleras

Ya no pudo averiguar 
por la angustia en las dimensiones del zapato
                                    arrojando el olvido a los muebles           
                                    dejando su cuerpo en las palabras
quizá alcanzó el minúsculo sentido de la existencia
en alguna forma del silencio

porque bajo las máscaras  
caminaron las hormigas siguiendo a la Mujer de helio  
en ocasiones madrugando al encuentro de un duende lorquiano
y atrás del horizonte
el silencio solo pudo dibujar otro cuerpo que reclamó más mutismo    
  

domingo, 9 de octubre de 2011



Presentación del lIbro: MI PADRE EN LAS RIELES DE SUMPA
de Freddy Ayala Plazarte
  
Intervienen los escritores:
Fernando Balseca y Cristian Avecillas

Habrá un performance teatral por Ivonne Ponce
Intervención musical de Rossy Pacheco,
pianista y soprano 

                                           Lugar: Sala Benjamín Carrión CCE.
                                           Fecha: martes 11 de octubre de 2011
                                           Hora: 19h00




Freddy Ayala Plazarte presenta nuevo poemario 

Mi padre en las rieles de Sumpa, es un trabajo poético bien logrado en el que el autor nos transporta a un mundo mítico y ancestral; cada estrofa tiene un engranaje y aleación lírica que los integra y unifica. “Sumpa/ la medianoche de los siglos/ donde el spondylus silenciosamente/ tejía su evacescencia/ para el ancestro. Sumpa el antiguo/ rito de las voces/ la conexión de las sombras/ donde los gestos hablaron por el misterio/ donde la piedra escribió el retorno”, reza un fragmento del poema En el abrazo más antiguo de América.

Diego Velasco, señala: “…la obra de Freddy Ayala, atestigua el lúdico reencuentro con sus identidades ecuatoriales. Este poeta de inicios del siglo XXI, tal cual lo hicieron los vanguardistas andinos de hace una centuria, se asume en el tiempo/espacio Pacha del omnipresente; tocando los acordes del pasado/futuro cíclico; tarareando juguetón las ancestrales polifonías de aquella nación multicultural y milenaria, a la que se sabe con orgullo pertenecer”.

Cristian Avecillas dice del libro: Para la quietud, el ancestro: el padre y los Andes, el abuelo y el fuego, la madre y la nostalgia, y el silencio de la sierra ecuatoriana; para el viaje, Sumpa, Sumpa y sus amantes, Sumpa y los eriales frente al mar, y el mar. Por originario y ancestral, de aquellas tierras que conforman la actualmente denominada península de Santa Elena.


Freddy Ayala Plazarte (1983). Ha realizado estudios de Comunicación Social en la Universidad Central del Ecuador y la maestría en Artes y Estudios Visuales en la Universidad Andina Simón Bolívar. Miembro del grupo literario la.kbzuhela. Autor de los libros de poesía: Zaratana (2007), Kamastro de Matuta (2010), Con un manuscrito en el horizonte (2011). El ensayo La metálica luminosa, del poeta vanguardista de Hugo Mayo (2010). 

Ha publicado ensayos referentes a la nueva poesía ecuatoriana en revistas de México, España y Perú. Ha sido invitado por parte de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí al VIII y IX Encuentro Internacional de Poetas. Entre otros reconocimientos ha recibido el Segundo premio en la Bienal Nacional de Poesía “Juegos Florales”, Ambato, 2010. 

jueves, 1 de septiembre de 2011

  


JORGE MARTILLO (Guayaquil, 1957)

Columnista del diario El Universo y de la revista Elite. En 1980 obtuvo el Primer Premio de Poesía Universidad de Loja; en tres ocasiones el Segundo Premio de Poesía "Medardo Ángel Silva", Municipio de Guayaquil (1979-1984); Premio único de Cuento Revista Ariel Internacional (Guayaquil, 1982); Primer Premio en el Festival de las Flores y las Frutas, Ambato (1986); Premio Nacional de Literatura "Aurelio Espinosa Pólit" (Quito, 1991); III Premio, Concurso Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño, 75 Años de Diario El Universo", Guayaquil,1996.

Sobre uno de los libros de Martillo el poeta Julio Pazos anota: "Pasado el violento estremecimiento que causa la lectura de Fragmentarium, sobreviene, en el lector, como un vaivén de olas, es decir como un deseo de desentrañar el núcleo candente que errata el estremecimiento. Vaivén de olas porque nunca alcanzaremos la cumbre, aunque, tampoco nos alejaremos para siempre de ella."


BIBLIOGRAFÍA

Poesía: Aviso a los navegantes (Quito, 1987); Fragmentarium (Quito, 1991); Confesiorarium (Quito, 1996); Vida Póstuma (Guayaquil, 1997). Ensayo: Viajando por pueblos costeños (Guayaquil, 1991); La bohemia en Guayaquil y otras historias crónicas (Guayaquil, 1999). Consta en las antologías: Palabras y contrastes: antología de la nueva poesía ecuatoriana (Cuenca, 1984); La palabra perdurable (Quito, 1991).

“Escribo poesía para limpiar mis riñones, para darle voz a mis pensamientos salvajes. Escribo poesía para limpiar mi sangre, para poder respirar y dormir aunque sea tres horas. Cuando escribo: vivo y amo, soy el animal más voraz. O al menos, lo intento”, ha señalado Martillo Monserrate.









 "Corazones Tatuados" de Confesionarium

      Oh Dios atiende mis plegarias, escúchame, cree en mí.

      Sé que eres ruin, aún así envío mis plegarias a tus
                                              desdenes.

      Soy como el demente observando fantasmas que nada más
                                                él ve,
      así sin decir jamás una palabra,
      navegando en el mal tiempo.
      Esperando a que caiga la noche para conversar con la luna,
      mirándola como un gusano que se asoma de su fosa al
                                               mundo.

      Sé que ese fantasma habla y se desp]aza luminoso como
                                             un cometa.
      Oh Dios atiende mis plegarias, escúchame, cree en mí.

      2

      Nosotros también éramos monstruos bajo los almendros,
      la tarde se metía en nuestros cuerpos,
      era como un sorbo de veneno.
      Los monstruos desfilaban,
      daban vueltas,
      les inventábamos historias.

      ¿Cuál era nuestra historia,
      qué maldición nos condenó?
      Seguramente el desamor,
      y esa sed de amar hasta morir intóxicados.

      Nosotros también éramos monstruos bajo los almendros,
      la única diferencia era que nuestras heridas estaban cubiertas,
      pero bajo costras,
      fluía la sangre,
      hedía la pus
      y el dolor gritaba.

      3
      La noche se ha ido,
      ha quedado un poco de muerte,
      ella besa mi boca instalando ceniza.
      Sé que aunque beba, la ceniza no me abandonará,
      estará recordándome que existen diversas formas de
      muerte.
      Debería quemar mis naves
      y hundirme.

      4
      Oh Dios que sigues mis pasos,
      que pisas mi sombra y no me dejas avanzar,
      que me lanzas tu aliento
      y no me permites respirar,
      que invades mis sueños como mariposas
      que en pesadillas me regalas rosas negras para morir
      y polvo de estrellas para conocer del amor el rubor de la fruta
      que confundes mi discurso,
      que garabateas mis versos,
      que oxidas mi vida.

      Oh Dios que sigues mis pasos,
      deja que corra desnudo tras el goce,
      deja que muera ebrio,
      deja que caiga al pozo donde me aguarda mi sombra.


De: "Aviso a los navegantes"  
CCE 1987



La Única certeza es su recuerdo

I

la única certeza será saber que un día estuvimos aquí
donde se aloja el humo de cigarro como ancianos en 
parques

y que mi recuerdo se remita a un montón de cervezas 
vacías

a una palabra suya intentado decir amor
a una tarde de hojas secas y de un fotógrafo mirando
la nada del día
a cruzar el río en lancha y después besamos en los fe-
rrocarriles de la nariz del diablo
a un sol llorando antes de diluirse en la noche
a una canción que ud. decía como sirena engañando 
marineros

a una mañana de lluvia con el barre manchando sus 
tobillos

a un pasillo que lejano sabia a trío de lagartero con
guitarra de palo

y ahora para qué recordarla
afuera existen vanos in-
tentos de lluvia

fallidas ganas de huir bajo el paraguas
entre la música de grillos ocultos en los árboles
para qué recordarla caracola perdida en un mar de arena
es que el recuerdo es como un cangrejito sacando la
cabeza del infierno.


II

mariposas sobre sus cabellos aleteando la tarde
volando colorinas por su cuerpo
le diría que no me es dable su ausencia
sus repentinos abandonos
que no puedo esperarla a la orilla del camino
le contaría despacio como telegrafiándole un beso
que no he aprendido a caminar por las rieles del tren
que a lejanía saben las cervezas
que la poesía no se deja poseer
que estoy volviendo atrás como un pez nadando
contra marea
que estoy cayendo al oscurismo pozo
al griterío de borrachos reunidos en torno a la desilusión
que definitivamente esto va de mal en peor
que se están apagando las luces
que estoy emprendiendo el ultimo camino
y nada más: que las mariposas sigan con sus colores
que la tarde
el maldito llameante sol  

todos y ud. misma no toquen jamás mis puertas/ jamás

III

iba en pleno vuelo dando una
dos
tres volteretas casi imposibles
y sonaron los disparos
olió la pólvora a despedida con pañuelos desde el puerto
se tornó nebulosa la imagen de pinos
de piedras enterradas en surcos de tierra
de flores acogiendo colores del arcoiris
de aguas haciendo eses sus transparencias
sonó otro como carcajada del torturador 
ante su víctima

debió pasar de largo
recordé por ultima vez su paraíso desnudo como 
espigas de trigo

y junto al tercer disparo escuche su adiós de café sin 
pizca de azúcar 

abajo seguía la polvareda cada vez que cedía el gatillo

sentí una sed digna de un mar de cerveza sin naves ni 
sirenas a la deriva

me golpeó una ola de ternura capaz de ahogar a más 
de una mujer

viví la edad temprana de cines todas las tardes
de soldaditos muriendo al impacto de la bola 
de cristal


y sonó otro disparo
no erró
y caí de sus brazos a la ausencia más profunda

(Aquí Podrán encontrar 
el ensayo que Carlos Calderón Chico escribió para introducir el último libro de Martillo, La bohemia en Guayaquil & otras historias crónicas)


 

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