viernes, 24 de julio de 2009
lunes, 13 de julio de 2009
GALERÍA DE ESCRITORES
ANTOLOGÍA DE LA NOVÍSIMA
POESÍA ECUATORIANA
UN PROYECTO LA K-BZUHELA/K-Oz
Estudio, selección y recopilación:
Freddy Ayala Plazarte
www.letrasyartes.com/casadelpoeta
OSWALDO CALISTO RIVERA (Quito, 1979-2000)
CHRISTIAN ARTEAGA (Quito, 1979)
JUAN CARLOS ASTUDILLO (Cuenca, 1979)
JOHANNA LOPEZ SANTOS (Quito, 1979)
CARLOS LUIS ORTIZ (Alausí,1979)
JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ (Ambato, 1979)
AUGUSTO RODRÍGUEZ (Guayaquil, 1979)
ROCÍO SORIA (Quito, 1979)
ALEXIS CUZME (Manta, 1980)
DAVID GUZMÁN (Qauito, 1980)
MARÍA DE LOS ÁNGELES MARTÍNEZ (Cuenca, 1980)
MARCELO VILLA NAVARRETE ( Quito, 1981)
CESAR EDUARDO GALARZA (Guayaquil, 1981)
NATALIA ENRIQUEZ POZO (Tulcán 1982)
FERNANDO ESCOBAR PÁEZ (Quito, 1982)
SANTIAGO VIZCAÍNO (Quito, 1982)
FREDDY AYALA PLAZARTE (Latacunga, 1983)
DINA BELLRHAM (Milagro, 1984)
ANDREA SAMANIEGO (Quito, 1985)
VICTOR VIMOS (Riobamba, 1985)
ERNESTO INTRIAGO (Manta, 1986)
CAROLINA PATIÑO (Guayaquil, 1987-2007)
martes, 7 de julio de 2009



Freddy Ayala Plazarte, Latacunga 1983.
Comunicador Social, integró los Talleres de Literatura de la CCE desde el año 2005. Es miembro del colectivo literario la.k-bzuhela de Quito. Ha publicado en poesía: “Zaratana” (2007). Y “Kamastro de Matuta” (2009) con Drugos de la Naranja Editorial. Ha participado en encuentros en Quito, Guayaquil, Riobamba. Consta en antologías nacionales como en la selección poética “fractales” (CCE, 2008). Memorias del primer festival de poesía joven “Ileana Espinel” (CCE, Núcleo el Guayas 2008). Revista Cyberalfaro (Universidad Laica Eloy Alfaro Manabí, 2008). Realizó una antología sobre la Novísima Poesía Ecuatoriana “Premonición a las puertas” de próxima publicación. Segundo Lugar en el concurso de poesía social organizado por la Escuela de Lenguaje y Literatura de la Universidad Central del Ecuador (2007). Coordinó una publicación de la novísima poesía ecuatoriana en el suplemento definitivamente jueves en México. Realiza investigación y edición para la editorial K-OZ.
*ULTIMO DECENIO
Atardecen
oraciones en los ancianos
sin que venga un rayo
a cambiarles el matiz del rostro
Solo me miran
y peor se atreven hablar
deliran al cielo
con una gruesa cadena
sin ella no pueden
irse a otro sitio
apoyan sus huesos en el bastón
Ellos saben lo que se me viene
cuando retuerza
la nariz de la esquina
luego ya nadie respira mi presencia
pero sus canas me llevan
al episodio de una larga espera
el ángel de Sumpa retira sus vendas
y lame sus tobillos
intentan pisar mis talones
para que no puedan avanzar
a la ceguera de sus manos
se internan en el bucle de un saltamontes
Cuando pase mañana por ese sitio
van abalanzarse en mis hombros
a subirse por la espalda
y acabar con los
lunares que me restan
*EL SIMULACRO DE LA NADA
Arrastrándose hacia la madriguera
de un diadema
veo la sombra de un saltamontes
sus patas traseras
atrancadas en el embudo de arena
el caballo del inhabitado carretero
avienta el secreto de una hoja
soportamos un vómito de aguacero
la escuadra cubierta de ceniza
el seno de las nueces raspa la plataforma
del camastro
ella deja su bruma en la ventana
(es la señal de un dije)
estancado su designio en la caperuza
vuelve al lodo
para desclavar un centímetro de luz
cimbran las pestañas
de un niño
ya no hay donde refregar su nombre
la noche
termina supurando su color
en la chamarasca de una puerta.
TEXTOS TOMADOS DEL LIBRO "Kamastro de Matuta", 2008.
viernes, 3 de julio de 2009
Compañía
Fijaba su mirada en el suelo
ver crecer la angustia
alimentaba el lado derecho de su alma
el viento cantaba desde algún lado
venía cargado de co2
y tenía un aliento de grúas
batallando hacia la cima de la pendiente.
Intentaba cubrir sus oídos
con música metalada,
escuchó a alguien decir:
¡solo estruendos!
-recordó a su madre-
recorrer las cobijas
para despertarlo.
No sabía con exactitud
si era afortunado o no
el que su cuenta de teléfono
le llegará con la tarifa básica
Su compañera de oficina
le había dicho
que debería conseguir una mujer
arrugó la parte intermedia de las cejas
y se dio vuelta
Solo frente al computador
odiaba llegara este momento
no habría excusa
las máquinas habían hecho su parte
era el momento de salir
Camino a casa
sintió estar descalzo
sobre un piso lleno de carbones ardientes
pronto podré descansar -se decía-
cocinaré algo y herviré agua
para relajar los pies
Veía en el autobús
rostros diferentes al suyo
los otros reflejaban un deseo
de llegar a su destino
él solo pensaba en sus pies;
el señor sentado a su costado
contestaba el celular:
gracias amor por consentirme
preparar la comida que tanto me gusta
ya estoy llegando a casa.
Solo sé que …
Los traidores le dieron a beber
El agua de la muerte.
El bebió de la inmortalidad.
Salida
Mis ojos resbalan
hacia tus aposentos
polvo invisible
viento o tiniebla
el reloj de arena
repica cada noche
el ciclo del sol
reproduce el retrato
en la memoria herida
con el llanto de aquella partida
tus facciones ya pertenecen
a las yemas de mis dedos
estos barrotes no son de metal
se parecen al miedo
que antecede a cualquier
cambio

Escapa por tu vida: no mires tras de ti.
Génesis, XIX, 17
Si dijeras, si preguntaras de dónde
viene, quién es, en dónde vive, no podría
hablar sino de muertos, de substancias hace
tiempo descompuestas y de las que sólo
quedan los retratos; si preguntas de nuevo,
diría que transcurre el cuarto al fondo
de la casa, que conserva destruyendo labios
como látigos, rostros, restos de útiles
inútiles y de parientes transitorios
en su soltera soledad.
Pero ¿quién puede todavía
señalar el lugar del nacimiento, quién
en la encrucijada de los aposentos, halla
la puerta por donde equivocó el camino?
Detrás de su ciega cerradura, el hombre
y su mujer ajena, que la tarde devuelve
puntualmente, suelen engañarse con amantes
abandonados o difuntos, desvestirse a oscuras,
cerrar los ojos, primero las ventanas, y con la voz
y con las manos bajas, incitarse a dormir
porque hace frío. Pero un día despiertan
para siempre desnudos, descubren la edad
del triste territorio conyugal, y se toleran
por última vez, por la definitiva, perdonándose
de espaldas su muda confesión de tiempo compartido.
Y a través de caderas sucesivas, volcadas
como generaciones de campanas, el seco río
de costumbres y ceniza continúa, arrastra
flores falsas, recuerdos, lágrimas usadas
como medallas, y en cualquier hijo recomienza
su antepasado cementerio.
Y es duro apacentar
el alma, y es preciso salvarla de la tenaz
familia: apártala de tu golpeado horario
y sus descuentos, defiéndela renunciando
a las uñas que ya nada pueden defender,
ayúdame arrancando las difíciles pestañas
que al sueño estorban, las ropas, las
palabras que establecen la identidad
desenterrada.
Porque desnudo y de nuevo
sin historia vengo: saludo, grito, golpeo
con el corazón exacto la vivienda
del residente, quiero tocar sus manos
convertidas en raíz de mujer y de tierra, y otra vez
pregunto si estuve aquí desde antes,
cuándo salí para volver amando este retorno,
si he llegado ya, si he destruido
el antiguo patrimonio de miedo y abalorios
por donde dios se abrió paso a puñetazos,
si cuanto tuve y defendía ha muerto
de su propio ruido, de su propia espada,
para sobre la herencia del salvaje tiempo
y sus secretos, para sobre sus huesos
definitivamente terrestres y quebrados,
sobre la sangre noche a noche vertida
en la verdura rota, en los telares,
recién nacer o seguir resucitando.
De "Ecuador Amargo" 1949

Arte contemporáneo y mi bendita generación
Este es el final de los tiempos. CONTEMPORÁNEO, “nos” denominamos con el tiempo, nadie ha estado detrás de nosotros, nadie estará después, pues esto es lo que es y lo que hay. ”Somos nadie” Somos el alfa y el omega, citando a aquel que fue alfa y omega, aunque no nos interese la salvación, tal vez una enigmática estampa. Somos nadie y todavía seguimos inconformes, con la mano pulsada hacia todas las posibilidades de “conocer” y comprender el pasado, biológico, histórico, y filosófico, pero sin la habilidad de Julio Verne.
Movimiento, Rapidez, Consumo, es el tiempo que envuelve al contemporáneo. La bella ciencia nos cuenta que somos una representación fractal del universo; éste, con su misteriosa apariencia de infinito, corre libremente hacia la autodestrucción. Dicho de otro modo, el humano existe para “robarle el glamour a la muerte”. Entonces, creamos y amamos habiendo vivido perplejos en la gracia de la muerte… y este es el único sentido al cual llamar autóctono.
Cada niño creyente, se ha forma su idea del Arte; tenemos 4 años otra vez, y hablando sobre mi generación, tengo una tierna e inmensa curiosidad por ver como creceremos, esta vez hasta los “80 años”, cuando hayamos empezado la última infancia. Cuántos sabores más adquirirá la vida. Díganme si no reconocen ya en la lengua un sabor particular de la vida recorrida, un gusto intenso que varias veces se transforma en hastío, que con los días se hace imperceptible, y se queda en espera latente. Es en horas de soledad o tranquila angustia, que se enciende ese sabor que dejó un eco, como el que deja la sangre o el humo, y nos obliga a sumergirnos y entregarnos a nosotros mismos y a la insistencia de esa sensación. Ese sabor es el que innegablemente nos marca y nos aguarda, él y solo él, es la línea que dirigirá lo que hagamos para el Arte.
Lo último que leo, me hizo comprender que todo lo que considero certeza o preciso o aun justo, no es más que un delirio de ignorancia y una cortesía del orgullo. Por ello, apocalíptico como la belleza, este es el final de los tiempos, de la condena contemporánea, nuestra extinción mental, la hipnosis de las estructuras y aun la anárquica purga, son los efímeros principios de los que nos vamos aligerando; las progresiones del Poder y lo paralizante de su significado, se diluirá en un soplo de risa y en algo sutilmente parecido al quemimportismo.
miércoles, 1 de julio de 2009

Solía llegar con la noche
…sonaba a un bolero tarareado por los adoquines al ritmo de los ángeles trasnochados de su esquina, arrastraba consigo un nombre intruso como campana; dejaba el peso de su cuerpo colgado de la noche y en vendaval azotaban las ventanas de los atrevidos, tan solo para ver pasar la tempestad.
Llegaba primero su olor tejiendo redes, enredando su rastro entre las farolas intermitentes como luciérnagas; la luz era un elemento secundario, tan solo escucharla llegar, era razón suficiente para perforar las pupilas y dejarla entrar a los zaguanes de la memoria, a todas las habitaciones construidas en los huesos.
Desde las ventanas rodaban ojos, manos, rodillas, muletas, los cristales se empañaban de versos mutilados por el aliento robado de su boca, a nadie le importaba morir colgado de las cortinas, si ese era el precio por ser ahogado en sus ojos grandes como mar, por ser carabela en su mirada.
El pueblo se llenó de ausencias, uno a uno brujos, arlequines, charlatanes, poetas, ladrones, periodiqueros, galanes, amanecían enredados entre los cristales, algún sobreviviente con la sonrisa en la boca, gritaba para los testigos sordos que la vieron pasar y en murmullo describía las alas que lo arrancaron de su desdicha.
Solía llegar con la noche.
Los relojes se adelantaban al tiempo, los niños y sus catapultas apuntaban al sol, pedían a los santos ocultar la luz, eclipsar la vida, solo para que pudiesen mirarla, y yo, en silencio descarne mis ojos, sincope la mirada para que descansare en mi ocaso.
Cuando llegó, amarré una piola a sus enaguas y me até a ella, descalzo, con el pantalón recogido hasta las rodillas para mojar mis naves, cúmulo de pájaros.
Un día sin querer la vi vestida de niña, recorrí sus muñecas de trapo, su ausencia de dientes, sus vestidos, las velas de sus santos, los disfraces con que ocultó la vida.
Brillaba en los brazos de su padre, en las veredas donde se ovillaba alegre a ver morir la tarde; tenía pintada la sonrisa y dos salpicones de noche junto al beso urgente de su boca. Corría cantando una canción de cuna, desafinando a cada salto de rayuela, buscaba bajo las piedras razones para enterrarse y jugar a ser topo.
Cuando se dio cuenta que la miraba cerré los ojos y corrí.
Como siempre, la noche llegó más tarde de lo deseado, limpiaron las huellas de las ventanas para verla mejor, lavaron las cortinas para ocultarse tras ellas; de pronto llegó su olor, todos enmudecieron intentando escuchar el golpe de los adoquines, pero a pesar de la oscuridad, al parecer nadie murió.
Su red se atasco en las bisagras de mi puerta, yo grité colgado de mi ventana.